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Los ciclistas, cuando andan en bici, no pueden ser sancionados con la retirada de puntos de su carnet de conducir en España según una nota hecha pública hoy por la Asociación de Ciclistas Profesionales Españoles.

Debido a las numerosas ocasiones en las que el desconocimiento de la normativa por parte de los Agentes se ha visto reflejada en sanciones a ciclistas con retirada de sus puntos, se ha difundido una Directriz que obedece a la petición sistemáticamente formulada a la DGT por la representación de organizaciones ciclistas en el Consejo Superior de Tráfico llevada a cabo por la Asociación de Ciclistas Profesionales.

Así en la Instrucción 11/S-124, dirigida A todas las Unidades del organismo, y firmada en Madrid el 23 de febrero de 2011 por el Dorector General de Tráfico, Pere Navarro Olivella, se dice textualmente que: “La Ley18/2009, por la que se modifica el texto articulado de la Ley sobre tráfico, circulación de vehículos a motor y seguridad vial, aprobado por Real Decreto Legislativo 339/1990, de 2 de marzo, en materia sancionadora, ha modificado el anexo II, disponiendo en su último párrafo, que la pérdida de puntos únicamente procederá cuando la infracción se cometa “con ocasión de la conducción de un vehículo para el que se exija autorización administrativa para conducir”, lo que evidentemente exclye a la bicicleta.

Por todo lo anterior, este centro directivo reitera la improcedencia de incluir detracción de puntos en las denuncias que se formulen a los conductores de bicicletas.”

Fuente: Asociación de Ciclistas Profesionales

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¿Y por que se dopan?

 

Por Eva Montero (psicóloga del Deporte)
Es la pregunta del millón, que se suele decir. La que muchos nos hacemos (me incluyo) cuando aparece la noticia de que tal deportista ha dado positivo.  Especialmente en el ciclismo, donde hay tantísimos controles parece que no entra en la cabeza que alguien pueda poner en peligro de esa forma su carrera. Pero si les van a pillar, ¿cómo se les ocurre?

Contestaciones a esta pregunta hay varias, una sería que quien le suministra la sustancia dopante le dice que es indetectable, otra que “la máquina no va a pitar” si el control se realiza pasados unos días, porque se elimina, y en algunos casos, el deportista no sabe ni que se ha dopado. Esto último puede ocurrir porque ha tomado lo que le han dado confiando en quien se lo suministró, o porque consumió un producto que en principio no parecía ser dopante, y que luego sí resulta serlo, como las célebres barritas que ahora indican si tienen o no componentes que puedan resultar positivo en un control antidopaje. Antes no había visto yo esa advertencia, que también aparece en medicamentos que se toman para algo tan habitual como tratar los síntomas del resfriado.

Sobrevivir
Pero la pregunta con la que encabezo el artículo no se refiere sólo a por qué se dopan sabiendo que les van a pillar, sino a por qué se dopan, independientemente de si la trampa se descubre o no. Que conste que no voy a intentar con ello justificar al que se dopa, sólo arrojar luz sobre cuáles pueden ser sus motivos. Lo primero que piensa todo el mundo es que lo hacen para ganar, pero no siempre es así. En el caso del ciclismo, es un deporte tan duro que probablemente más de uno que se ha dopado lo ha hecho simplemente por aguantar en el pelotón o por poder dar servicio a su jefe de filas. En un trabajo estándar, si un día te encuentras mal, puedes faltar a trabajar, o tomarte ese fármaco para el catarro e ir a la oficina al objeto de terminar ese proyecto que te puede suponer un ascenso, pero si un deportista se encuentra mal justamente en el momento más importante de la competición, no puede faltar ni tampoco tomar esa medicación. Imagina entonces que tu contrato o tu beca dependen de tu rendimiento. Alguien te dice “tómate esto que te sentirás bien, es difícil que te hagan un control en dos o tres días, luego se elimina, no te preocupes”. Te estás jugando tu futuro. Tanto esfuerzo desde niño para estar en la élite y vivir de lo que más te gusta no habrá servido para nada, si no hay rendimiento ni continuidad. Difícil decisión ¿no? Esa sería una de las motivaciones para doparse: no necesariamente se hace para ganar. A veces es sólo cuestión de supervivencia.

Por otro lado, el desgaste físico de un deportista de élite supone un sobreesfuerzo que mina la salud, y eso con los años se nota. Mientras un empleado de una oficina cada vez controlará más su trabajo porque la experiencia es muy importante, un deportista, cuando pasa su momento, sufre cada vez más. No sólo cuesta mantener el ritmo de la competición, sino que la recuperación tras un esfuerzo titánico no es la misma y las repercusiones físicas de una caída te pasan factura durante muchos días. La vida del deportista es corta, y además, viven en una burbuja: la mayoría no son capaces de ver su futuro más allá de la competición. Por ello intentarán alargar su vida deportiva todo lo que puedan, y al verse incapaces de rendir lo mínimo para seguir viviendo de lo que conocen y les gusta, es cuando pueden tener la tentación de recurrir a esas sustancias o procedimientos ilegales.

Quiero ser un ganador
Vamos ahora con los que se dopan para ganar. En otros tiempos, parece que todo el mundo tomaba sustancias prohibidas para potenciar el rendimiento, según han manifestado deportistas que en su día se doparon. En el caso de que fuera así entonces los campeones hubieran sido campeones igual, si todo el mundo llevaba gasolina extra, ganaría el que más motor tiene. Ahora las cosas son distintas, con tantos controles (al menos en el ciclismo) a mí me parece totalmente imposible que haya dopaje generalizado, pero ¿puede una sustancia hacer que alguien que no anda nada se convierta en una figura? Las malas lenguas dicen que sí. En ese caso estamos hablando de deportistas con pocos escrúpulos, dispuestos a ganar con el mínimo esfuerzo posible. Pero ese “espécimen” no está solo en el deporte. Por poner un ejemplo, ese empleadillo trepa que busca ascender haciendo la pelota al jefe tampoco es que sea muy ético. Y esos empresarios que consiguen negocios sobornando al empleado público de turno tampoco. Y no digamos los que participan en ciertos programas de televisión con el objeto de “vivir del cuento” o los que se forran haciendo pública su vida privada.

Pero he aquí que resulta que los deportistas son juzgados, condenados y no se les quema en la hoguera porque ya no existe la Inquisición, mientras que los pelotas son imitados, con tal de que no te queden por encima, muchos de esos empresarios mantienen su patrimonio aún y cuando les descubren el fraude, y los jetas que viven del cuento hacen subir las audiencias de la televisión y con ello sus millonarios contratos. El problema no está solo en el deporte, sino en la sociedad en general. Si la telebasura no tuviera audiencia ni se vendieran tantas revistas cutres del corazón otro gallo cantaría. Y si en publicidad, películas, programas, etc. dejaran de promover la necesidad de ser alguien “importante”, porque si no eres un “fracasado” mucha gente no estaría obsesionada por conseguir dinero y posición a cualquier precio, perdiendo de vista sus valores, dejándose sobornar o estando dispuesto a pisar a quien sea.

Ese puntillo que me falta… y el efecto placebo
Por otro lado están, dentro de los que se dopan para ganar, los que llevan años despuntando, ganando pequeñas cosillas, pero que les falta ese poquito para ser figuras. El entorno en muchos casos también juega un papel esencial: por ejemplo, cuando corren rumores de que fulano está despuntando porque tal médico o preparador físico le está tratando. Si el susodicho era peor que yo y ahora va como un tiro, a nada que me trate a mí, es que gano el Tour de Francia. Si total, tengo facultades, sólo me falta ese puntito. Y te dicen entonces que los líderes del momento no andan así con “macarrones”, que eres tonto si tú no lo haces también, teniendo mucha más clase, a poco que hagas esto o tomes lo otro te comes el mundo. Tú prueba y ya verás, inténtalo una vez y luego me lo dices… qué difícil resistirse a la tentación ¿no?

El efecto placebo aquí juega un papel importante. Un deportista con buenas cualidades puede no necesitar doparse pero cree que sí. Los interesados en el negocio del dopaje probablemente sean los primeros en difundir la idea de que si no te tomas nada no serás nada porque los demás sí lo hacen y tú estás entonces en inferioridad de condiciones. A continuación el deportista se encuentra con alguien que le dice lo bueno que es y lo que podría ganar si siguiera sus indicaciones. Y al final pica.

Lo curioso es que a veces lo que te dan no es nada y parece que funciona, es lo que se llama en ciencia el efecto placebo: si te dicen que tomándote esto te vas a sentir mejor, sólo de pensarlo te sientes más fuerte. Este efecto se tiene en cuenta en los laboratorios cuando se prueba un nuevo medicamento. Se administra éste a dos grupos de personas: a un grupo le dan el medicamento y al otro grupo le dan una pastilla exactamente igual pero inocua (es a lo que se llama el placebo). Si el fármaco es efectivo los que realmente lo toman deberán mostrar mucha más mejoría que los otros, pero los que consumen el placebo también suelen mejorar. Si ambos grupos están igual, es que el medicamento no es eficaz y la mejoría se debe al poder de la sugestión. Interesante ¿verdad? Y el que toma algo que no hace nada encima está agobiado temiendo que le pillen… qué pena.

Eva Montero
psicoclidep@gmail.comEsta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla

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Además de entrenar el cuerpo, la cabeza es esencial para conseguir un rendimiento óptimo en la competición o en cada salida…

Por: A. del Pino/J. L. Arce

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La foto que ilustra este artículo corresponde a la llegada a meta del suizo Friskies en el Mundial de Les Gets 2004. Después de liderar la carrera, un problema mecánico le retrasó más allá de la sexta plaza, desde donde comenzó una épica remontada (e imposible para la mayoría de los presentes) en busca de la medalla. Y sólo una excepcional fuerza mental fue capaz de llevarle a remontar un puesto tras otro, y a menos de 200 metros de meta arrebatar el tercer puesto al belga Paulissen, cuando nadie daba un “euro” por él…

Ese poder mental, en este caso fruto de la experiencia de competir muchos años al más alto nivel, puedes desarrollarlo tú si sigues nuestros consejos. No te aseguramos que vayas a ganar una medalla en el Mundial, pero es posible que seas más feliz. Y eso también es importante, ¿no?

BUENOS PROPÓSITOS

A principio de año todo son buenos propósitos: “Voy a entrenar más que nunca”, “este año quiero preparar tal cita”, “a ver si me quito estos “kilillos” que me sobran”... Todo esto a más de uno nos suena ¿verdad?

Siempre empezamos con muchas ganas, en ocasiones demasiadas, que luego van desapareciendo hasta que por diversos motivos (lesiones, desmotivación, falta de tiempo o todo junto) dejamos pasar la ocasión. En este artículo os vamos a dar unas pautas que a todos los niveles os ayudarán a concluir con éxito una temporada deportiva. Presta mucha atención y sigue leyendo, que sacarás algunas buenas conclusiones…

Partimos de la base de que el deporte es uno de los mejores medios para llegar a un estado mental de equilibrio, en el que un cuerpo en forma y saludable permite vivir con más vitalidad y bienestar. Sin embargo, el entrenamiento deportivo puede provocar agotamiento y fatiga, no sólo físico, sino también mental, con efectos perjudiciales, que se terminan reflejando en el rendimiento y salud del deportista. Vamos a ver cuáles pueden ser los problemas que surjan, en ambas posibilidades, y cuáles sus soluciones.

Comencemos sabiendo qué entendemos por psicología deportiva. “Cuando las capacidades fisiológicas, las técnicas de entrenamiento, la intensidad de trabajo, alcanzan niveles máximos, la frontera última de la ciencia del deporte es la mente y es allí donde hace su aporte la psicología deportiva”. Efectivamente esta afirmación sólo es aplicable para los deportistas que buscan el máximo rendimiento, y somos conscientes de que muchos de nosotros vemos el deporte de una forma más relajada o con la única pretensión de mejorar a nivel personal.

Pero recuerda que el deporte de élite es la cuna de la experimentación y, en la búsqueda del máximo rendimiento, se obtienen respuestas para todo tipo de deportistas: ¿Por qué nos lesionamos más o rendimos menos en época de exámenes, cuando hay problemas en casa, mucho trabajo, etc.? ¿Cómo puedo controlar mis nervios precompetición? ¿Por qué me cuesta tanto salir a entrenar últimamente? ¿A qué circunstancias está sujeta mi motivación?

SÉ REALISTA. En primer lugar has de valorar si el objetivo propuesto es viable. La disponibilidad de tiempo, el interés, la edad o los recursos técnicos, son limitaciones que hay que tener en cuenta. Tienes que ser justo contigo mismo y ponerte objetivos alcanzables dentro de tus capacidades y posibilidades. En torno a esto girará todo. Si apenas dispones de cuatro horas semanales para dedicarle al deporte, difícilmente podrás correr la Copa del Mundo “metiéndole el codo” a Hermida.

ORDENA Y PLANIFICA TU OBJETIVO. Desde el primer momento en el que decidas ponerte “manos a la obra”, asesórate, bien a través de los conocimientos de un preparador físico o de bibliografía. Un entrenador evitará errores en tus entrenamientos y optimizará tus horas de actividad física, necesitando menos horas de entreno para obtener mejores resultados y así sabrá adecuar el entrenamiento a tus actividades diarias. Además hará las veces de psicólogo y será quien equilibre la balanza, siempre desde la objetividad.

Sitúa los entrenamientos más estresantes (generalmente de alta intensidad) en períodos y días alejados de las competiciones, citas importantes o situaciones que creas que puedan crearte tensión (reuniones, exámenes, viajes de negocios), para evitar que se junten dos períodos de mucha concentración (y fatiga) mental. Si no consideras conveniente el ponerte bajo las instrucciones de un preparador, infórmate leyendo libros o busca algún plan de preparación para mountain bike. Aunque no sea específico para ti, incluirá principios básicos que seguro serán mejor que entrenar “de cualquier manera”.

DATE UN RESPIRO. Como continuación del punto anterior, debes programar períodos de descanso, no sólo físicos, también psicológicos. En esos períodos, realiza esas actividades que siempre quieres hacer (otros deportes, algún viaje, etc.) que entren dentro de tu período de descanso físico y que aproveches para mejorar tu grado de satisfacción personal. Si ves que tu modo de entrenar te hace entrar en un proceso monótono, añade más variedad a tu entrenamiento con actividades nuevas y distintas a las convencionales. El día antes de una competición intenta descansar, pero que eso no suponga un castigo. No estés todo el día observándote y comparando sensaciones porque lo único que haces es agobiarte. Distráete un poco dando un paseo, yendo al cine, pasando un día tranquilo en familia…

NO PIERDAS EL RUMBO.
Todos coincidimos en “el que algo quiere, algo le cuesta”, ya que el espíritu de superación es uno de los pilares del deporte, pero no hay que confundir el rentabilizar tus horas de hacer deporte entrenando correctamente, con sacrificar horas del resto de tu vida por el deporte. No permitas en ningún momento que tu meta te obsesione o genere en ti un estado de estrés, ya que esto te conducirá, con total seguridad, al abandono y fracaso del objetivo inicial.

MOTÍVATE A DIARIO. No permitas que el miedo al fracaso te desmoralice o te genere dudas sobre si realmente estás preparado o si ha sido una buena decisión “asaltar” tu objetivo. No te preocupes por el resultado final, sé siempre positivo y piensa que lo que hace grande y único al deporte no es la meta, sino los momentos experimentados en el camino. Si surgen complicaciones, piensa que ya recuperarás y tómate el tiempo necesario. Muy importante es no mirar el objetivo de forma total, ponte metas a corto plazo, semanales e incluso diarias.

VAS A SUFRIR. La capacidad de sufrimiento también se entrena y se desarrolla, piensa que el resto también está sufriendo igual o más que tú y de esa forma serás capaz de aumentar tus umbrales de esfuerzo. Es bueno pensar también en situaciones de crisis. Piensa que tus expectativas pueden no cumplirse y no por ello debes retirarte o dejar de pasarlo bien. Nunca olvides que las cosas no son como empiezan, sino como acaban. Puedes estar pasando por un momento malo, del que te repondrás. Adáptate a las circunstancias y lucha con los recursos de cada momento. Si adoptas esa conducta por sistema, cuando el rendimiento acompañe, serás un corredor muy “duro de pelar”.

CORTA CON LOS PENSAMIENTOS NEGATIVOS. Busca frases, palabras, ideas o incluso imágenes que te hagan olvidar los pensamientos negativos y te hagan pensar en positivo. Deberás dar con estas “palabras mágica” cuando tu estado sea optimista y utilizarla habitualmente para que en los momentos malos se te venga inmediatamente a la cabeza. También puedes hacerte una lista de frases motivantes, que puedas leer en esos momentos de “bajón” o incertidumbre.

SÉ DISCIPLINADO. Es algo que también se puede entrenar. La disciplina ayudará a que tu autoestima aumente, pero recuerda que la disciplina hay que aplicarla tanto para los entrenamientos como para los descansos. Si sabes que eres “remolón” para salir en bici, trata de hacerlo cuanto antes, si lo vas dejando acabará pasando el día y no habrás salido a disfrutar de aquello que nos apasiona. Muchos pequeños esfuerzos acabarán sumando un gran resultado.

NO TE ACELERES. Si haces todos tus entrenamientos con orden y rigor, pronto empezarás a notar cambios satisfactorios en tu cuerpo y rendimiento. Es bastante habitual que ante este estado de euforia nos hagamos más descuidados en nuestros hábitos. Recuerda especialmente este apartado y, cuando empieces a entrar en forma, no caigas en el error del descuido, sigue entrenando con todo “el cariño” que lo has hecho hasta el momento, haciendo lo que toca, al ritmo que corresponda y realizando todo el ritual de recuperación diaria (estirar, dormir, etc.)

IMAGINACIÓN. Visualízate en el desarrollo de la prueba que estés preparando. Intenta imaginar todo tipo de situaciones: pasando por un mal momento, entrando victorioso, un momento de rivalidad, etc. La noche anterior a la cita, mientras trates de conciliar el sueño, repasa el recorrido (si es que lo conoces), pensando donde cambiarás, donde frenarás, por donde trazarás… Ese “hormigueo por la tripa” hará que mentalmente te prepares para la situación del día clave, con el valor añadido de que cuando llegue ese momento ya habrás hecho varios simulacros mentales e inconscientemente te resultará más familiar y convencional.

SIN PRESIÓN. La gran mayoría de nosotros no somos deportistas profesionales y por tanto no tenemos que rendirle cuentas a nadie… más que a nosotros mismos. Debemos jugar con este factor a nuestro favor para así disfrutar más de todo lo que involucre un acontecimiento deportivo. Si nos va mal, nadie nos lo reprochará y si nos va bien será una enorme gratificación personal. ¿Que os apetece dar un salto aunque eso os “robe” energía u os reste algo de tiempo? Hacedlo si es lo que os pide el cuerpo.

ACTITUD. La posición que adoptemos frente a nuestros rivales nos puede conducir al éxito o al fracaso. Si nos ven seguros de nosotros mismos, se achantarán, mientras que si nos ven débiles e inseguros, les estaremos dando ventaja. Aprende también a distinguir las señales que te transmitan ellos, para así saber como están respondiendo o como reaccionarán.

ESCUCHA Y OBSERVA. Mira a tu alrededor y analiza las cosas buenas y malas que observes en las personas que te rodeen. Quédate con las buenas y trata de hacerlas también tuyas. Aparta las malas y si hay alguna en la que te veas reflejado, y que te no te guste, procura corregirla. También es importante que escuches a quienes tienes cerca, ya que en muchas ocasiones te ayudarán a hacerte ver cosas que tú no ves.

A TU ELECCIÓN. La mente es lo suficientemente poderosa como para hundirnos en la miseria o convertirnos en campeones. Tú puedes elegir tu camino, todo dependerá de cómo quieras enfocar tus pensamientos. Si aceptas un consejo; cree en ti, se optimista pero realista ¡¡Serás mucho más feliz!!

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Por José Antonio Díaz
Le llamaban “el diablo rojo”, aunque su verdadero nombre era Giovanni Gerbi un campeón de los primeros años del siglo XX que, amén de por sus grandes victorias, ha pasado a la historia de este deporte porque tuvo la brillante idea de buscar un mayor aerodinamismo afeitándose las piernas e incluso la cabeza.

Por desgracia, en los primeros tiempos del ciclismo los velocipedistas sufrían una atroz carencia de iniciativas. El suyo era un sport tan propenso al coraje como alejado del método. Entonces, los velocipedistas salían a la carretera a la buena de Dios, sin haber practicado un entrenamiento racional en la mayoría de los casos (en la primera Paris-Brest-Paris, carrera de 1891 disputada sobre 1196 km, la mayoría de los participantes confesó que no había cubierto jamás más de 100 kilómetros en bicicleta) y sin los menores conocimientos de unos hábitos racionales de alimentación deportiva.

Pero fue pasando el tiempo y, lógicamente, el velocipedismo fue evolucionando. Así, los ciclistas comenzaron a tener masajistas y entrenadores y vieron que la mata de pelo que cubría sus piernas impedía que pudiesen recibir un buen masaje con ungüentos, al tiempo que proporcionaba dificultades en caso de caídas porque las postillas se agarraban a los pelos.

El Pionero
La solución al problema la dio Giovanni Gerbi, un ciclista hoy olvidado, pero que tuvo una importancia capital en la evolución del ciclismo tal y como lo entendemos hoy en día. Nacido en Asti (Italia) el 4 de junio de 1885, Giovanni Gerbi, que entre otras carreras ganó el Giro de Lombardía de 1905 y el Giro del Piamonte en 1906, 1907 y 1908, fue un pionero del ciclismo italiano y un bravo defensor de las nuevas ideas. De hecho, entre sus genialidades figuran la de reconocer el recorrido antes de las carreras para elegir el desarrollo más apropiado; investigar el estado de forma de sus rivales en carreras anteriores; vestirse en carrera con un maillot de seda en vez de las habituales camisas de algodón que portaban el resto de corredores y, sobre todo, ser el primero en afeitarse las piernas e incluso la cabeza, buscando un rudimentario aerodinamismo. La primera vez que salió de esta guisa a la carretera fue en 1903 en la Milano-Alessandria, carrera en la que ganó no sólo una victoria, sino un apodo, “El Diablo Rojo”, en alusión al color de su maillot.

Pero la idea de Gerbi –ese rasurado que dejaba las duras piernas de un ciclista como las nalgas de un bebé– no prosperó. Se perdió en el tiempo ante la ignorancia y el miedo al ridículo de la mayoría de sus contemporáneos. Habría que esperar veintiséis años para que otro ciclista, también italiano, retomara la idea. Ocurrió en 1929, cuando el romano Leonida Frascarelli, tercero en el Giro de aquel año y ganador de dos etapas en el de 1930, volvió a las andadas afeitándose sus musculosas y bien torneadas extremidades.

Sus compañeros de equipo, el Ideor-Pirelli, se mostraron incrédulos, aunque no tanto como los cronistas de la época que ironizaron sobre el aspecto de este nuevo Sansón. Por decirlo de alguna manera, para ellos un corredor ciclista era el paradigma de la fortaleza y la capacidad de sufrimiento y por lo tanto debía tener el aspecto adecuado a sus virtudes, corresponder a la representación cultural del mundo atlético del que formaba parte. Por suerte para el progreso de este deporte, las ideas de Gerbi y Frascarelli acabaron por imponerse, no sin antes vencer una necia resistencia por parte de aquellos que únicamente veían en esta práctica un simple efecto estético –que, dicho sea de paso, también lo tiene–.

Las ventajas
Pero no, sería simplista decir que el depilado de las piernas de un ciclista es un mero ejercicio de coquetería. Es algo más, bastante más. Con el depilado se gana aerodinamismo, al igual que un maillot pegado al cuerpo tiene un CX (coeficiente de penetración aerodinámica) mayor que otro holgado. Desde el punto de vista médico también es cierto que unas piernas depiladas presentan menos riesgo de infección en caso de sufrir heridas y facilitan la limpieza de las mismas. El afeitado también es un requisito que ayuda notablemente a la hora de recibir un buen masaje. Depilados, las manos del masajista resbalan mejor sobre nuestros músculos y la crema entra más rápidamente en la piel sin formar esos molestos grumos que se originan cuando hay vello. Y también, por qué negarlo, está la satisfacción estética que produce contemplar unas piernas lisas, musculosas y bien torneadas.

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Por Eva Montero (psicóloga del Deporte)

 

Tal y como os prometí, voy a entrar un poco más en detalle sobre cómo se pueden mejorar las condiciones para entrar en el estado de fluencia.

Los tres puntos clave que marqué son: elegir un objetivo adecuado, entrenar para conseguirlo y centrarnos en lo que estamos haciendo. Vamos a ver estas tres premisas.

Cómo elegir el objetivo adecuado
En el artículo anterior dije que lo mejor era elegir un objetivo que suponga un desafío moderado, es decir, no muy difícil pero tampoco fácil. Bien, pues además conviene tener en cuenta que dicho objetivo sea acorde también con nuestra personalidad. Hay ocasiones en que de tanto escuchar a algún o algunos compañeros del club, por ejemplo, lo bien que se han encontrado en la QH o en la París-Brest-París, pensamos que quizá ahí es donde podemos encontrar la fluencia.

Pero no tiene por qué ser así. Que ellos lo hayan conseguido en esas circunstancias no quiere decir que lo hagamos nosotros. Cada persona tiene que elegir su propio objetivo en función de en qué ámbito se encuentra mejor. Por ejemplo, si eres de los que le suele gustar ir tranquilo y hacer muchos kilómetros, en la “locura” de la QH es complicado que encuentres la fluencia, al igual que alguien que se propone bajar tiempo en la QH cada año se aburrirá haciendo kilómetros y más kilómetros a ritmo lento. La zona es un lugar donde nos encontramos bien porque estamos haciendo lo que nos gusta, y donde tenemos sensación de control. Si no estás acostumbrado a las marchas multitudinarias, en la QH, con tanta gente pasándote muy cerca y muy deprisa, vas a sentirte inseguro, y si lo que te motiva es aumentar tu media de velocidad, a un ritmo tranquilo acabarás aburrido y tu atención y concentración disminuirán sensiblemente.

Por otro lado, el reto no tiene por qué ser algo que implique un mayor esfuerzo físico, también puede referirse a una habilidad técnica. Por ejemplo, aprender a descender mejor, acostumbrar a nuestras piernas a un desarrollo más alegre en las subidas o a ponerse de pie sobre la bici con el estilo de un profesional. Puede que no hayas experimentado la fluencia porque no has aprendido a aprovechar bien tus facultades físicas por falta de técnica, y, al conseguir un mejor aprovechamiento de tu fuerza te sientas mucho mejor sobre la bici y llegue esa sensación de que “todo va rodado”. El testimonio de otro ciclista recogido por Csikszentmihalyi (2002) era el siguiente: “No parece que estés montando una bicicleta. Te sientes completamente como si todo fuese una pieza de maquinaria trabajando conjuntamente… como si fueses una parte de esa máquina con la que naciste, y así es como te desplazas”. También el desarrollo de habilidades básicas como aprender a soltarse de manos o a coger una moneda del suelo sin bajarse de la bici como hacen en las escuelas, contribuye a tener mayor control sobre la bicicleta, y favorece llegar a ese estado de “fusión” con la misma.

La motivación para entrenar
Especialmente en estos días de invierno, con el frío, con la lluvia, el viento, hay veces que cuesta levantarse de la cama y empezar el ritual de vestirse de ciclista, con la cantidad de accesorios que hacen falta para plantarle cara al mal tiempo: chaqueta, chubasquero, dos pares de guantes, algo para proteger la cara, etc. Todo blindado sales por la puerta de tu casa, te tropiezas con un vecino que te mira con compasión pensando que te falta un tornillo, y un rato después, cuando llegas al punto de encuentro con tus compañeros del club, te encuentras la decepción de que sólo salen cuatro gatos, y no están aquéllos con los que vas siempre de charleta. “Y a mí quién me manda escapar del cálido abrazo del edredón nórdico…”.

¿Y quién te manda? Pues esas ganas que tienes de superación, y desde que sabes que existe eso de la fluencia o que entrenando estás en el camino de volver a experimentarlo ya tienes otro argumento para pasarlo un poquito mal. Tener tu objetivo muy claro va a influir en la motivación. Si sabes para qué estás sufriendo tendrás más capacidad de sufrimiento. Un objetivo claro es aquel que te planteas en los términos de “voy a conseguir esto que me he propuesto”. Un objetivo ambiguo, por el contrario, es aquél en el que piensas en términos de: “A ver si este año que viene consigo este objetivo”. Es como ese propósito que se hacen cada año los fumadores que no son capaces de desengancharse: a partir del 1 de enero dejo de fumar. Si realmente quieres dejar de fumar ¿por qué no lo haces ya? Lo mismo con el objetivo: si lo quieres conseguir ¿por qué estás pensando en ir a por ello al próximo año? ¿Por qué no empiezas ya a trabajar en pos de esa meta?

Es más fácil conseguir lo que te propones si empiezas poco a poco, creando un hábito, que si dices que empiezas a partir de tal día y a tope como si quisieras recuperar el tiempo perdido. Cuanto antes empieces, mejor, y ve observando tus progresos. Eso te servirá para motivarte e ir acercándote a la fluencia con pasos firmes. Si te cuesta levantarte para salir a entrenar, recuerda lo bien que te sentiste la vez anterior, cuando venciste tu pereza y tuviste fuerza de voluntad. Si en esa pasada ocasión, no mejoraste físicamente porque no era tu día, recuerda que por el hecho de haber salido a entrenar, mejoraste en otro aspecto: el psicológico. Y ya sabes que la fuerza mental empuja mucho…

La concentración
Cuando estamos sufriendo sobre la bici, pensamientos del tipo “no lo voy a conseguir”, “no soporto este dolor de piernas”, “esto no acaba nunca” inciden negativamente en nuestra concentración. En varias ocasiones expliqué que estos pensamientos aumentan la ansiedad, con lo cual se agarrotan los músculos y duelen más, y también el cerebro, al estar preocupado, se come la energía que ha de ir a las piernas. Bien, si esos pensamientos vienen a la cabeza, conviene “echarlos fuera” sustituyéndolos por otros.

Cuando no se trata de buscar la fluencia, sino simplemente superar ese mal rato, se pueden utilizar pensamientos distractores como pensar en tus planes para la semana siguiente, recordar una película… pero si queremos entrar en la zona, lo mejor es centrarnos en todo lo que tenga que ver con lo que estamos haciendo, pero en positivo, no pensar en nuestro sufrimiento, sino en qué podemos hacer para aliviarlo. Por ejemplo, fijarnos en cómo estamos dando pedales, para conseguir un pedaleo más “redondo”; en nuestra posición, por si estamos forzando los hombros o la espalda; en la carretera, para procurar evitar baches que nos rompan el ritmo; o en intentar seguir la cadencia de algún compañero que va más fluido que nosotros, etc. Seguro que hay detalles a tu alrededor, relacionados con el esfuerzo que estás realizando, que no habías captado hasta ese momento y que te pueden servir para mejorar tu rendimiento. Abre bien los ojos y todos tus sentidos y verás como algo nuevo aprendes.


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Por Eva Montero (psicóloga del Deporte)
 

 

Hay ocasiones en que, a pesar de estar realizando un esfuerzo tremendo, con los músculos a punto de romperse, la respiración agitada y el corazón a toda pastilla, el dolor deja de sentirse, el miedo a sufrir o a equivocarse se esfuma y es como si entráramos en otra dimensión.

La bici entonces parece una prolongación de tu cuerpo, como si los pedales se fundieran a la planta de los pies, el trasero encajara perfectamente en el sillín y las manos encontraran la posición ideal sobre el manillar. El puerto que parecía eterno va ascendiéndose como si no hubiera pendiente, las curvas van pasando y a medida que la cima se acerca el pedaleo se hace más redondo, más eficaz, aprovechando al máximo la fuerza de tus piernas. Estás disfrutando como un niño en un tiovivo, te sientes bien, acoplado, con las pilas cargadas funcionando a pleno rendimiento, todo parece fácil, natural, estás en tu mejor momento y nada puede vencerte. Esa sensación tan especial es lo que se conoce como flow (fluencia).

No todo el mundo ha sido capaz de experimentar este estado ideal, algunos de los que lo han conseguido lo llaman “entrar en la zona”. Este “estado de gracia” no sólo se da en el deporte, también en otras actividades, pero en el deporte en particular se dan muchas oportunidades para que ocurra la fluencia. Csikszentmihalyi ha estudiado este fenómeno en deportistas y para ello ha entrevistado a unos cuantos que han dado su propia definición. Entre ellas está la de un ciclista: “Sentía mi cuerpo genial. Sentía que nada podía salir mal y nada podía detenerme o interponerse en mi camino. Y estaba preparado para enfrentarme a lo que fuera, y no temía nada que me pudiera ocurrir, era sencillamente estimulante. Después de esta experiencia, no podía volver a un estado normal. Me sentía como si quisiera seguir pedaleando y subir esa colina de nuevo”.

Cuando entra en este “trance”, la persona llega a experimentar una pérdida de conciencia del propio ser, se vuelve inmune a los pensamientos negativos, siente que todo va a salir perfecto y no tiene ningún motivo de preocupación, es una liberación. Enlazas con la actividad que estás realizando y todo lo demás deja de importar, nada más estás centrado en lo que necesitas hacer para conseguir tu objetivo. Se suele perder asimismo la noción del tiempo: es como si éste se acoplara a lo que necesitas, es tal tu concentración que no necesitas mirar el reloj, el ritmo que llevas es el ideal para conseguir tu objetivo y esos minutos u horas los estás realmente disfrutando, no estás deseando que acabe ni tampoco que dure eternamente. Estás plenamente identificado con el presente.

¿Cómo conseguir la fluencia?
Es posible que algunos de vosotros sepáis de qué estoy hablando, porque lo hayáis vivido, otros, en cambio, estáis pensando qué buena pinta tiene eso y qué hay que hacer para conseguirlo. Bien, no hay una fórmula mágica para entrar en la fluencia, hay quien lo consigue y quien no, pero si hay unas cuantas claves que pueden ayudar a experimentar esa sensación tan placentera, que algunos dicen es como tomar todas las drogas juntas, y sin que te hagan daño. Entre las claves está el equilibrio entre el desafío y las habilidades, o más bien capacidades, añado yo, para los deportes en que pesa más la fuerza o la resistencia que la habilidad o la técnica. Ese equilibrio se consigue planteándose retos que no sean ni demasiado fáciles ni demasiado difíciles. ¿Por qué? Porque cuando el reto es demasiado sencillo, no resulta tan meritorio y si lo repites muchas veces puede llegar a aburrirte. Y si es demasiado difícil, la sombra del fracaso planeará sobre nuestras cabezas e influirá en nuestra motivación, desviando nuestra atención del objetivo final y dificultando el lograrlo.

El desafío está muy presente en el ciclismo, tanto si compites como si no. El competidor, si no es un trabajador de equipo, se planteará nuevas carreras que ganar. Y respecto a los cicloturistas, muchos entrenan para progresar, rebajando su tiempo en las marchas o planteándose retos como ciclomaratones cada vez más largos. No todo el mundo lo hace, hay personas que se sienten motivadas tan sólo con dar pedales, pero el hecho de superarse a uno mismo es lo que más “engancha” a los deportistas al deporte. Según Csikszentmihalyi (2002) “es la alegría que conseguimos a base de forzar las potencialidades físicas y psíquicas en nuevas direcciones lo que motiva la creatividad humana y lo que lleva a los hallazgos que nos hacen diferentes a cualquier otra forma de vida” (nos diferencian de los animales no racionales). Aquí añadiría yo que no sólo en nuevas direcciones, sino también en la misma (más alto, más fuerte, más rápido). Y aclaro que no siempre implica superarse a nivel global, de todo lo que hemos conseguido en la vida. Se puede experimentar también la fluencia después de una mala racha física, cuando empiezas a recuperar tu nivel anterior.

Elegir un desafío adecuado
Lo sencillo para establecer un desafío razonable podría ser elegir, por ejemplo, un puerto de más dificultad que los que llevamos subidos pero que tampoco sea una pared tipo Angliru. No obstante, no es necesario cambiar de escenario: también podemos elegir un puerto que ya conocemos y subirlo a un ritmo más vivo, más redondo, o con diferente desarrollo. Puede que ahí encontremos el punto que necesitamos para sentirnos acoplados a la bici, conocemos el puerto, sabemos dónde hay que apretar y donde descansar, y el desarrollo que se necesita según la pendiente, lo que incrementa la sensación de control, otra de las claves que favorecen la fluencia. Asimismo, ese pedaleo fácil y redondo hace que nuestra concentración aumente: no tenemos que estar pendientes de si hemos elegido bien el piñón, y nuestra atención se centra en conseguir sacar el máximo rendimiento de nuestras piernas.

Resumiendo, elegir un objetivo un poco por encima de nuestras posibilidades, entrenar para conseguirlo y procurar centrarnos en lo que estamos haciendo evitando distracciones, son puntos clave para entrar en ese “lugar especial”. De cualquier forma, tened en cuenta que no es nada fácil de conseguir y que no se trata de esforzarse hasta la extenuación, es algo, como la propia palabra “fluencia” indica, mucho más fluido. En próximos artículos entraré más en detalle a ver si os sirve de ayuda para volver a experimentarlo o para vivirlo por primera vez.

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